Símbolo de la mejilla que de arriba hacia abajo,
de un lado a otro roza la superficie hasta enrojercerse.
Blanco como el caos, sin éste no hay orden, y sin
blanco todo lo demás se tocan desnudos.
Haciéndose nudos confusos por contrastes de pares se cansan.
En el fondo las cosas son blancas, requisito de una
existencia cromática. No digo que todo deba ser como la
pulcritud de una mesa de luz, pero sin ella una lectura sobre
los reflejos se queda dormida.
Veo arrastrarse recortes hechos mirando hacia otro lado,
hacia la matriz que no dicta, se queda dormida soñando
hacerse una copia.
en
rojo, anaranjado, amarillo, blanco y negro.