Supongamos que se pudieran encontrar posibilidades amarillas en una cabeza y ésta se volviera posibilidad. Supongamos que entre las manos se tuviera cualquier pensamieno y las manos no respondieran a la cabeza. Supongamos que encontrando tramas sobre ellas se descubrieran los opuestos que la hiceran adjetivo, doloroso.
Los Números serían palabras no reconocidas por aquel pensamiento enamoradizo de una creación que se rige por la suma de las posibilidades menos, la creencia en una igualdad de números y palabras. Creencia sencilla en la quietud del insterticio que separa el nombre y su respectivo código postal.
Se enviarían cabezas amarillas donde no queda palabra y las palabras enamorarían nuevamente a su hecho creador.
La cubierta de la gramática dolorosa, de los innumerables silencios que la poseen y la posibilitan a ser, papel, amarillo, cinta adhesiva, y ( ). Ya ves, a la posibilidad.